Por Cinélogo
El cine es entretenimiento. Sí. También es arte. Sí. También es un medio para crear conciencia social. También. De igual modo es toda una industria muy rentable. Así es. Pero qué hace que el cine sea, a pesar de todos los medios de entretenimiento actuales disponibles en casa con el blue ray, el dvd, el internet, la televisión de paga, todo un evento que crea momentos especiales para las parejas de enamorados, para la familia, para el grupo de amigos, para el solitario de cabellos largos y lentes peculiares con morral de estambre a un lado… Hay todo un cúmulo de razones por las que todo este tipo de personas van al cine. Y no es muy útil tratar de entenderlas por completo.
Pero, el guión, el estilo de dirección, la música, la iluminación, los ángulos, la fotografía, la edición, todo esto que durante el disfrute de la película se funde en una sola palabra tiene un fin último y la gran mayoría de las películas lo logra.- crear sensaciones. Ese es quizá el fin último y real de una película. No discutamos si es cine comercial taquillero o el mal llamado cine de arte que generalmente tiene un específico tipo de público. Las sensaciones es todo lo que el director y los actores –los pilares más visibles de una película- quieren provocar en el espectador.
Sin embargo, ayuda mucho a la calidad del disfrute de una película sin nos disponemos voluntariamente y con observación autónoma –no la que los críticos nos dicen que hay que tener- qué es lo que pasa antes y qué es lo que pasa después con uno mismo como espectador al ver una película. Hay personas que saben muy bien qué deben observar, saben bien entender las implicaciones de tal o cual personaje en la trama e incluso son tan meticulosos en su manera de observar que captan detalles aparentemente incidentales en una escena específica en la que gracias a ese mínimo detalle pueden descubrir un significado más profundo o complejo en el diálogo, la expresión del actor interpretando al personaje, la canción que eligió el director para dicha escena, etc.
Aunque hay una realidad que es necesario señalar.- la mayoría de los espectadores buscan sólo entretenimiento de evasión. Y está bien. Esa es una buena manera de pasar el rato logrando olvidar asuntos cotidianos y teniendo sensaciones emocionantes de diversos tipos. Y aún así, el así llamado espectador de cine comercial tiene la sensibilidad necesaria para aprender a ver el cine que está más comprometido en recrear la condición humana. Y no me refiero a las películas que sólo pretenden provocar lágrimas con escenas con tintes melodramáticos y música tremendamente cargada de emoción, no, me refiero a esas películas que no necesariamente son agraciadas por el monstruo de la mercadotecnia que logra con precisión casi matemática hacer que el espectador considere de excelente tal o cual película. Sino esas películas honestas que no se venden como la gran producción ni tienen actores hermosos que visten marcas extravagantes y sin embargo recrean alguna situación que quizá a uno mismo le ha ocurrido. Es entonces que el espectador promedio puede “aprender” algo sobre las perspectivas distintas que puede tener un aspecto de nuestra condición como humanos.
Posiblemente, una manera de acercarse al cine de arte es precisamente quitar de su clasificación la palabra arte. Claro está, el cine está considerado el séptimo arte. Pero si como espectadores comunes no sabemos cuáles son las otras seis artes no creo que se espere que sepamos qué hace que el cine sea llamado el séptimo arte. Sin embargo, lo comparo con un evento tan sólido que cualquiera ha vivido y del cual se ha nutrido.- una tarde cálida llena de nubes bañadas por el sol durmiente, el olor exquisito de una rosa en el florero de la mesa, la maravilla de una tarde de lluvia fresca con rayos eventuales que iluminan el cielo. Todos estos son eventos –por mencionar algunos- que uno disfruta y no siente la urgencia de saber el tipo de nubes que están en el cielo, la calidad de rayos que el sol emite al momento de partir, o el nombre de los químicos que producen el delicioso aroma de la rosa, o la distancia a la que un relámpago se mueve entre las nubes… no, nada de eso… y aún así, los disfrutamos y quedamos con una sensación de haber sido nutridos por algo bello. Bueno, pienso que el buen cine, el cine honesto que no invita a evadirse sino a ver nuestra condición como seres humanos es igual que estos eventos, sólo requieren de esa sensibilidad innata en nosotros para que su mensaje llegue y produzca algo. Entonces, el cine se abre a nosotros con más posibilidades y nosotros a él. Igualito que la vida misma.
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